El Padre Boisdron

Boisdron 1890 250Fue un dominico francés del siglo XIX que se insertó en el tiempo y espacio de salvación que Dios le dio, realizando una profunda tarea de evangelización y formación de quienes constituían la dirigencia tucumana de la época. Además, mostró preocupación y capacidad de respuesta a los graves problemas que su tiempo le plantearon. Indudablemente, el padre Boisdron merece un puesto de honor en la historia dominicana de Tucumán.

El 10 de enero de 1845 nació en la provincia de Charente, Francia, aquel niño llamado a un destino nada común.

Ingresó en el noviciado de la Orden dominicana, en el convento de Lyon, en donde vistió el hábito el 13 de mayo de 1862. Bajo la dirección de religiosos que habían sido compañeros o discípulos del padre Enrique Domingo Lacordaire, restaurador de la Orden Dominicana en Francia y uno de los más afamados oradores sagrados del siglo XIX, plasmó su espíritu en una austera vida religiosa, en el amor al estudio y en la fe apostólica que lo caracterizaba.

En 1863 emitía sus primeros votos religiosos. Al finalizar el sexto año de su carrera eclesiástica, fue enviado al convento de Aviñón, residencia de los Papas en el siglo XIV para recibir la ordenación sacerdotal y celebró su primera Misa en la Basílica del Rosario.

Fray Reginaldo Toro religioso tucumano, conoció al padre Boisdron, con casi 29 de edad, y quedó tan prendado de sus cualidades, que no cejó hasta convencerlo que debía venir a nuestra patria.  Al año siguiente, en 1876, llegó a Tucumán. Apenas había cumplido 31 años de edad, pero su formación religiosa y su preparación científica eran muy sólidas.

Probablemente fue a principios de 1878 cuando el padre Boisdron reabrió la antigua escuela de Santo Domingo a la que concurrieron numerosos niños de la sociedad tucumana. Al mismo tiempo mantiene un activo ministerio en el confesionario y en la predicación.

Boisdron y alumnas Sta Rosa 400Durante los siete años y medio que corren entre enero de 1883 y agosto de 1890 ejerce el cargo de Prior del convento. Algunas de sus realizaciones durante este período fueron: Solemne inauguración del actual templo. Fundación del Asilo de Huérfanas, en unión con la Madre Elmina Paz de Gallo. Fundación de las Hermanas Terceras Dominicas. Fundación de la Sociedad "Hijas de María". Fundación de la Sociedad "Rosario Perpetuo". Fundación del primer periódico dominicano de Tucumán, la Hoja del Rosario, que redactó y dirigió por mucho tiempo. Fundación de la Milicia Angélica. Fundación de la Cofradía de San José y de la Buena Muerte. Fundó y dirigió el primer postulantado que hubo en el convento. Reabrió la vieja escuela del Padre Pérez. Terminó de edificar el cuadrado actual del convento. Colocó e inauguró los cuatro altares del crucero. Construyó el noviciado, comenzó la reconstrucción del convento y capilla de Lules. Comenzó la hermosa sillería del coro bajo.

Durante el cólera que azotó la ciudad, en su segundo priorato, fue notable la actividad de los padres dominicanos que, bajo su dirección, atendieron a los necesitados.  Se calculan entre 5.000 y 6.000 las víctimas del cólera en Tucumán. Este sacerdote dominico fue a pedir una casa para recoger a los niños huérfanos. Doña Elmina respondió tan generosamente al pedido, que no sólo facilitó su casa, sino que se ofreció ella misma para recoger y atender a los niños.

En vista de tan noble disposición, el padre Boisdron funda una congregación religiosa. En 1888 la señora Elmina y un grupo de señoritas visten el hábito de Santo Domingo y queda establecida la Congregación de Hermanas Terceras Dominicas del Santísimo Nombre de Jesús. Se inaugura el edificio del Asilo de Huérfanas. Allí se establecerá la Casa Madre de la Congregación y se fundará una escuela gratuita para niñas. Ahí se ha creado también el instituto Santa Catalina de Siena.

BOISDRON3 400Así vemos surgir el Colegio del Santísimo Rosario de Monteros (1895) y, poco después, el Asilo de Huérfanas de Santiago del Estero. En 1902 se funda en Tucumán el Colegio Santa Rosa que, con el tiempo y el esfuerzo, llegará a adquirir una elevada jerarquía en su medio.

En los años de 1908 y 1909, comienza el Asilo de la Sagrada Familia en Santa Fe, el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús, en Buenos Aires, y el Colegio-Asilo "Francisco Javier Correa", en Rosario.

En 1890 el padre General de la Orden reclama sus servicios como profesor de la Facultad de Teología en la Universidad de Friburgo, Suiza.  En 1894 regresa a Tucumán, con el título de Maestro en Sagrada Teología.

Se interesó vivamente por los problemas sociales y difundió los principios enunciados en la encíclica Rerum Novarum. Auspició la fundación del primer Centro Católico de obreros de Tucumán.

El padre Boisdron es un orador moderno: tal es su definición y su elogio. No trata de persuadir en nombre del dogma o de la fe, sino de la razón, cuyo elogio hemos oído en su boca en el panegírico de Santo Tomás.

El padre Boisdron fue un fraile humilde, amigo del diputado Padilla, muy versado en teología, filosofía, ciencia bíblica, economía política, derecho canónico y civil, historia, literatura clásica y moderna, fue una revelación para los católicos porteños y trajo un esfuerzo positivo, mayor que el que pudo suponerse, a la defensa del matrimonio cristiano. De entrada, predica en Santo Domingo, y enseguida todas las parroquias lo disputan y no lo dejan descansar un solo domingo.

Dirige la Congregación de las Hermanas Dominicas y mantiene, con sus 70 ya cumplidos, pero vigoroso todavía, una intensa labor de predicación, de dirección de almas y de periodismo. Además, dirige la Tercera Orden dominicana y es consultor del obispado y censor diocesano de libros.

Desde poco después de su llegada, en 1876, gozó de un predicamento tal, como quizá ningún otro sacerdote haya tenido en Tucumán. En todas las esferas sociales era respetado y extraordinariamente apreciado como sacerdote y como hombre de ciencia y de consejo.

Hacia mediados de octubre de ese mismo año, encontrándose en Monteros, se sintió atacado de apendicitis. Falleció en 1924 rodeado por sus hermanos de hábito, de sus religiosas y de sus más íntimos amigos. Murió con la muerte de los justos, frisando en los 80 años de edad. Dejaba en herencia a todos, el recuerdo perdurable de una plenitud y de una ejemplaridad de vida y toda una serie de obras realizadas en el más elevado nivel espiritual.

 “Su vida fue clara y nítida como una lámina de oro, y la dirección indeclinable de su espíritu hacia el bien quedará marcada por siempre en los anales dominicanos, como el pasaje señorial por nuestro suelo de un ser superior, que dejó en pos de sí la nobilísima sensación de que pasaba con él un verdadero hijo de Santo Domingo".

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