Lo esencial y lo contingente

quijote 1La educación está atravesando un período de cambio, confusión y crisis. La Red Educativa FASTA sostiene una actitud protagónica y esperanzada aportando soluciones desde la experiencia de sus profesionales. En el Consejo Nacional de la Red Educativa se trabaja sobre lo esencial y lo contingente en educación: el proyecto educativo, el lenguaje y las nuevas tecnologías.

El relativismo actual, la pérdida de principios éticos y los constantes cambios tecnológicos y sociales generan cambios en el modo de relacionarnos, de comunicarnos y por tanto, en el modo de conocer y transmitir conocimientos. Hay una brecha entre las generaciones de maestros que enseñan y de alumnos que aprenden. También el lenguaje está cambiando. Conceptos que hasta hace unos años eran nítidos, se van desdibujando y confundiendo.

Los padres son los primeros educadores de sus hijos. Ellos transmiten las primeras palabras y valores, esenciales para una sociedad. En la escuela complementamos esa tarea educativa. Pero cuando maestros y padres emprendemos juntos la misión educativa, ¿qué esperamos de una escuela?

Hace más de 50 años, para salir de la confusión cultural que se empezaba a gestar, la Iglesia se propuso volver a nombrar las cosas con sencillez y distinguir con claridad lo esencial de lo coyuntural en materia educativa.

¿Qué es una escuela?

En la declaración sobre la Educación Cristiana se plantean los conceptos con sencillez. Una escuela es un lugar que debe buscar que los niños desarrollen sus dimensiones físicas, morales e intelectuales.

Para empezar juntos la tarea educativa, vamos a profundizar en este concepto esencial de "escuela", que perdura más allá del tiempo y las contingencias.

La escuela forma. No podemos ni debemos contentarnos con dar información. Debe buscar primero, que el niño tome conciencia de su responsabilidad personal y social y se transforme en un auténtico ciudadano capaz de colaborar, a través de la perfección personal, con la perfección de la sociedad.

La escuela debe entonces cultivar las facultades intelectuales. La verdad no se construye: se la busca y se la encuentra con el ejercicio de la inteligencia, se la recibe de una tradición, se la entrega con amor en un diálogo personal. Esa es la misión del educador.

Por eso debemos tener buenos profesores que ayuden a incorporar hábitos intelectuales y morales a través de buenas clases y de un buen programa formativo. Para eso en la Red Educativa hemos desarrollado nuestro <strong>Programa de Calidad</strong>, una estrategia innovadora para que nuestros maestros, en un aprendizaje constante, sean mejores maestros.

Y ser mejores maestros implica tanto el orden del conocimiento como el de la ejemplaridad. Queremos recuperar al auténtico pedagogo, que asume esta esencial misión de modelo y orientador. De ahí que nuestro PEI incorpora el departamento de Orientación y Tutoría, que centrado en el alumno, atiende a todos los implicados en el proceso formativo.

Pero la escuela debe también inicial a los niños conforme a su edad en una positiva y permanente educación moral que le permita distinguir lo que está bien y lo que está mal. En un mundo cada vez más hedonista es necesario al hablar de moral, hablar también de sexualidad. No educamos para el placer pasajero sino para algo mucho más elevado: la felicidad. Por eso incorporamos la educación sexual a la educación moral y religiosa. Nuestros colegios responden a esto desde el programa Educación para el Amor, que entiende la sexualidad como un bien que se ordena a las aspiraciones más altas de la persona.

La escuela también introduce a los jóvenes en el patrimonio de una cultura común forjada por las generaciones pasadas. Conociendo el pasado, comprendemos nuestra identidad, nuestro presente y futuro. La cultura católica es la cultura fundante de la Argentina, de la cual recibimos las tradiciones y costumbres cotidianas. Un colegio católico educa en esa cultura. Por eso en lugar de manipular la historia con ideologías coyunturales, rescatamos de ella lo valioso de la tradición para asumirlo como fundamento del futuro.

Los colegios deben además ayudar a desarrollar la capacidad del recto juicio. Este surge de la transmisión de un mensaje claro en contenidos y valores a través de todas las áreas pedagógicas, que conforma en los alumnos una cosmovisión. Para esa coherencia la Red ha desarrollado el programa  FECIEN, que vuelve a integrar en una unidad armónica y sin contradicciones los diversos saberes. Desde ahí el joven puede ver qué es lo bueno y qué es lo malo, y va formando un recto juicio desde el cual va tomando sus decisiones libre y responsablemente.

El colegio puede avanzar en esto si existe esa suerte de libertad de espíritu donde el alumno puede sentirse respetado como persona, y no parte de un sistema o de un modelo. No somos ideólogos. Enseñamos principios y respetamos la libertad.

A su vez el colegio debe preparar a los jóvenes para la amistad y la vida social. Está comprobado que quienes participan del asocianismo juvenil están mejor preparados para un compromiso social posterior como ciudadanos. Aquí tenemos una propuesta original de nuestro estilo educativo: los rucas, centros juveniles donde fortalecer los lazos sociales desde el compromiso por el bien común. Una opción que complementa, para quienes quieran participar, la formación formal del colegio.

De esta manera la escuela prepara para la vida profesional. Los profesionales egresados de nuestros colegios no pueden ser bárbaros diplomados. Formamos hombres cultos, con conocimientos, principios y convicciones (que son el compromiso con esos principios) ordenados al bien personal y al bien común.

Un colegio católico

Pero para llegar a este grado de armonía toda la tarea educativa tiene que estar fundada en aquellas cosas que no están sujetas al tiempo ni a las coyunturas: la verdad de las cosas y la verdad de la fe, las cuales se complementan y perfeccionan. Y como el descubrimiento de la verdad se produce a través de la relación entre maestro y alumno, las verdades de la fe se sustentan en la relación personal entre el niño y el Maestro, que es Cristo. Por eso buscamos la centralidad del encuentro personal con Dios a través de los Oratorios y de la tarea pastoral y litúrgica, que tiene al sacerdote como guía en esa relación con Dios.

Al fin de cuentas, en la escuela católica debe transmitirse no sólo los conocimientos y principios del mundo natural, sino también la dimensión sobrenatural que le otorga su significado y sentido más profundo. En la armonía de la tarea cotidiana y en la ejemplaridad de los educadores, tienen que aparecer estas dos dimensiones: la natural y la sobrenatural, desde la síntesis de fe y razón, como las dos alas del espíritu que elevan al hombre a sus más altos horizontes.

Cuando en una escuela hay armonía intelectual, armonía de los comportamientos y armonía de las cosas, tanto del orden natural como sobrenatural, podemos hablar de un buen colegio católico. Y este es nuestro constante empeño.principito

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