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Entre 1890 y 1894 enseña en Friburgo y, en esos años, rindió su examen para Maestro en Sagrada Teología, grado académico supremo de la Orden, que le fue conferido también entonces. Allí mismo publica su obra Théories et systèmes des probabilités en theologie morale, dedicada a sus alumnos. Por setiembre de 1894 regresa a la Argentina, es decir a Tucumán, y en noviembre es elegido Provincial, al terminar su período el sanjuanino Fray Antonio Keller.

Podernos decir que, con esta elección, su figura alcanza, definitivamente, un nivel nacional. Desempeña el cargo hasta su término en 1898 y al año siguiente, al crearse en Córdoba la Casa General de Estudios, es designado Rector y catedrático de teología. El 4 de junio de 1897 el Maestro de la Orden lo había nombrado Vicario General de los dominicos franceses del colegio Lacordaire de Buenos Aires.

El Padre Boisdron se intereso vivamente por los problemas sociales y difundió los principios enunciados por el Papa León XIII en su famosa encíclica Rerum Novarum, publicada en 1891, mientras él se encontraba en Europa. Por otra parte, auspició la fundación del primer Centro Católico de obreros de Tucumán, que se llevó a cabo en el convento dominicano el 2 de junio de 1895, y cuyo director fue Fray Pedro Zavaleta. Este centro se incorporará poco después a los Círculos de Obreros que el redentorista alemán Federico Grote había comenzado a fundar en Buenos Aires a partir de 1892.

El 4 de junio de 1896, con motivo del primer aniversario del Centro Católico, como se lo denominaba corrientemente, el Padre Boisdron pronunció una notable conferencia que lleva por título: La cuestión social. De igual modo, en otras, ocasiones disertó sobre aspectos vinculados a dicho tema, como en la inauguración del Asilo San Miguel, el 29 de junio de 1908, en que habló sobre la cultura del obrero. También influyó en la formación social cristiana del doctor Ernesto E. Padilla.

En 1901 vuelve a ocupar el cargo de Provincial, a la muerte del P. Jacinto Varela. Desde hace tiempo y sobre todo desde su regreso de Europa, en 1894, tiene en toda la República un bien cimentado renombre corno profesor predicador y conferencista, además del prestigio que le confieren sus reconocidos virtudes humanas, religiosas y sacerdotales. Habla y escribe sobre los más diversos temas.

Sus exposiciones generalmente no son extensas, pero tienen una solidez y una claridad dignas de notarse.

En cuanto a sus características como orador o conferencista, veamos lo que escribía un ilustre tucumano, el Dr. Juan B. Terán, en la Revista de Letras y Ciencias Sociales de mayo de 1905:

“El P. Boisdron es un orador moderno: tal es su definición y su elogio.

Hombre de su tiempo, con el sentido de las nuevas necesidades, ha adquirido las condiciones que le eran adecuadas para triunfar en su ministerio. Doctrinario, raciocinador, tolerante en la forma, sabe que la simpatía es el camino más seguro para el convencimiento, y que en nuestro tiempo no se predica a creyentes y devotos.

“Como Lacordaire, trata de vincular el cristianismo a su siglo, y como él, tiene el culto del amor y de la antigüedad clásica. . .

“No trata de persuadir en nombre del dogma o de la fe, sino de la razón, cuyo elogio hemos oído en su boca en el panegírico de Santo Tomás.”

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