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Este incidente tuvo eco no sólo en Tucumán, sino también en otras ciudades argentinas, como Buenos Aires y Córdoba. La América del Sud, que redactaba en la capital del Plata Félix Frías, reprodujo los artículos de Boisdron y El Eco de Córdoba, dirigido por Ignacio Vélez y que era el periódico más importante del interior del país, publicó no sólo los artículos, sino también comentarios y correspondencia relativos a los mismos, lo que hizo que Córdoba viviera hasta cierto punto la polémica que tenía lugar en Tucumán.

Llega noviembre de aquel año de 1877 y es elevado al provincialato Fray Reginaldo Toro, aquel tucumano que había determinado al P. Boisdron a venir a nuestra patria. En 1881 será elegido nuevamente Provincial y el Capítulo de ese año, según consta en sus actas, pide que el P. Ángel Boisdron, hijo de la Provincia de Lyon, pase a la Provincia argentina "con transfiliación perpetua, como él lo desea y nosotros también". Toro y Boisdron tienen cierto paralelismo: los dos fueron hombres de gran virtud, provinciales durante dos períodos y ambos fundaron congregaciones de religiosas.

Probablemente fue a principios de 1878 cuando el P. Boisdron reabrió la antigua escuela de Santo Domingo a la que concurrieron numerosos niños de la sociedad tucumana, algunos de los cuales, como Ernesto Padilla, Vicente Gallo, Miguel Padilla, Luis Sobrecasas, etc. estaban destinados a un brillante porvenir tanto en la provincia como en el ámbito nacional. Al mismo tiempo mantiene un activo ministerio en el confesionario y en la predicación. De aquellos años nos han quedado los textos de dos oraciones fúnebres: las que pronunció en Santo Domingo el 26 de junio de 1882, en las exequias del Dr. Ezequiel Colombres, y en la iglesia matriz, hoy catedral, el 21 de agosto de 1883, en las del Obispo auxiliar de Salta, el ilustre tucumano Dr. Miguel Moisés Aráoz. También ha llegado hasta nosotros el texto del sermón predicado en Santo Domingo con motivo de la primera Misa del Pbro. Bernabé Piedrabuena, más tarde obispo de Catamarca y Tucumán.

Durante los siete años y medio que corren entre enero de 1883 y agosto de 1890 ejerce el cargo de Prior del convento. Para enumerar brevemente sus realizaciones durante estos casi tres períodos consecutivos en que ejerció el priorato, vamos a seguir al P. Jacinto Carrasco en el Album del Centenario (1916).

Solemne inauguración del actual templo, cuya crónica detallada publicó "El Orden", en octubre de 1884. Fundación del Asilo de Huérfanas, en unión con la Madre Elmina Paz de Gallo. Fundación de las Hermanas Terceras Dominicas, cuya primera Superiora fue la misma venerable Madre. Fundación de la Sociedad "Hijas de María". Fundación de la Sociedad "Rosario Perpetuo". Fundación del primer periódico dominicano de Tucumán, la Hoja del Rosario, que redactó y dirigió por mucho tiempo. Fundación de la Milicia Angélica. Fundación de la Cofradía de San José y de la Buena Muerte. Fundó y dirigió el primer postulantado que hubo en el convento. Reabrió la vieja escuela del P. Pérez.

Obras materiales: terminó de edificar el cuadrado actual del convento. Colocó e inauguró los cuatro altares del crucero. Construyó el noviciado (actual Colegio Santo Domingo). Comenzó la reconstrucción del convento y capilla de Lules, que terminó el Prior siguiente, Fray Miguel Roldán. Comenzó la hermosa sillería del coro bajo".

Durante el cólera que azotó la ciudad, en su segundo priorato, fue notable la actividad de los padres dominicanos que, bajo su dirección, atendieron los lazaretos que se instalaron. La comunidad contaba en ese tiempo con los siguientes religiosos: Prior: Angel María Boisdron. Subprior: Pío Canto. Padres: Jordán Zelaya, Luis Daufresne, Cornelio Echave, Manuel Eyrea y Vicente Piñeiro, los Hermanos estudiantes Miguel Roldán y Alberto Palavecino y el Hermano cooperador Nicolás Nessini. El P. Pío Canto se había distinguido ya en Buenos Aires durante la epidemia de fiebre amarilla que asoló aquella ciudad a principios de 1871.

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