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Murió con la muerte de los justos, frisando en los 80 años de edad, precisamente a los 79 años, diez meses y seis días. Dejaba en herencia a todos el recuerdo perdurable de una plenitud y de una ejemplaridad de vida y toda una serie de obras realizadas en el más elevado nivel espiritual.

Al día siguiente se ofició un solemne funeral en Santo Domingo y se puede decir que las amplias naves del templo resultaban estrechas para contener la enorme concurrencia que asistió. Al finalizar el oficio religioso, hizo uso de la palabra el franciscano Salvador Villalba.

A las 16 tuvo lugar el sepelio, en el mismo templo, con la asistencia de las autoridades civiles y eclesiásticas de la provincia. El Director del colegio salesiano P. Lorenzo Massa, pronunció la oración fúnebre, en nombre del clero tucumano, comenzando con estas palabras:

“En medio del duelo que hoy comparte Tucumán en todas sus clases y esferas sociales, porque todas ellas, desde las más humildes hasta las más elevadas, desde las autoridades civiles hasta las eclesiásticas, se sienten hondamente afectadas ante la muerte de este santo sacerdote que acaba de morir, vengo a dar la despedida a sus restos mortales en nombre de las autoridades diocesanas, en nombre del clero de Tucumán y en nombre del Colegio de Consultores diocesanos, en cuyo seno era el extinto la figura más prestigiosa y de más relieve".

Luego habló el Prior del convento, Fray Gonzalo Costa y de inmediato se procedió a la inhumación de sus restos en una de las naves del templo, hoy basílica.

Allí permanecieron durante cuarenta y cuatro años, o sea hasta fines de diciembre de 1968, en que fueron exhumados para ser trasladados a la Casa Madre de las Hermanas dominicas.

Ellas también habían exhumado los restos de la Madre Elmina y, en solemne ceremonia, sendas urnas con los restos de ambos fundadores fueron colocadas en la capilla, en un lugar de privilegio. Allí descansan sus despojos mortales, mientras sus espíritus velan desde el cielo por la congregación.

Una misa celebrada por el Arzobispo de Tucumán, Mons. Blas Victorio Conrero, el Vicario General, Mons. Víctor Gómez Aragón, los dominicos Mario Petit de Murat y Luis de Faulconnier y otros sacerdotes, realzó la solemnidad de aquel acto. Era el 28 de diciembre de 1968, el día en que se cumplían setenta y dos años desde que la Madre Elmina recibió las primeras huérfanas en 1886.

Dentro de tres años se cumplirá el quincuagésimo aniversario de la muerte de tan benemérito religioso. Es verdad que algo se ha publicado acerca de él, como la Corona Fúnebre que editó el P. Jacinto Carrasco en 1925, con las notas necrológicas que aparecieron en la prensa de Tucumán y de casi todo el país. Pero, como expresamos al comenzar esta disertación, la personalidad y obra del P. Boisdron carece aún de un estudio biográfico que esté a la altura de sus méritos.

Y vamos a dar fin a esta disertación con una frase que escribió el P. Carrasco en Ensayos y Rumbos de noviembre de 1924, haciendo el elogio del insigne varón que acababa de fallecer:

“Su vida fue clara y nítida como una lámina de oro, y la dirección indeclinable de su espíritu hacia el bien quedará marcada por siempre en los anales dominicanos, como el pasaje señorial por nuestro suelo de un ser superior, que dejó en pos de sí la nobilísima sensación de que pasaba con él un verdadero hijo de Santo Domingo".[1]

[1] En el cincuentenario de la muerte del Padre Boisdron (16 de octubre de 1974) tuvo lugar, en la capilla de la Casa Madre de la Congregación de Hermanas dominicas, una misa solemne oficiada por el arzobispo de Tucumán, Mons. Blas Victorio Conrero, con los siguientes concelebrantes: el obispo de Concepción, Mons. Juan Carlos Ferro, los dominicos: Vicario Provincial Fray Miguel Cardozo, Vice Rector de la UNSTA Fray Luis S. Ferro, y los padres julio D. Orellano, Rubén Boria, Héctor Muñoz y Rubén González, y el Pbro. Vicente Zueco. Contó con la presencia de la Priora General, M. Marta Campi, la Priora de la casa, M. María Vilana Díaz y numerosas religiosas. Además, la congregación hizo publicar esta conferencia.

FUENTE: Orden de Predicadores - Provincia Argentina - http://www.op.org.ar

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