Su cosecha ha de ser, pues, óptima, a la inversa de los que se satisfacen en perorar estéril y abundantemente, en nombre de sentimientos que dejan fríos, con ademanes e imprecaciones que corresponden a estados del alma arqueológicos.

“Pocos predicadores como él, han llamado por su nombre las ideas nuevas: como Von Ketteler, el Arzobispo de Maguncia, ha escuchado el clamor sordo y murmurante de las plebes desheredadas, y ha dicho: "el orden social debe reformarse' (conferencia en el centro de obreros de Tucumán, 1895), es inadmisible la desigualdad monstruosa de las condiciones en cuanto a la posesión de fortuna, de los bienes y bienestar en este mundo.

“Es claro que su disidencia con el socialismo marxista es irreductible, porque afirma la propiedad, la autonomía individual y la jerarquía social; pero queda el testimonio de un pastor de almas que se inquieta y medita en los dolores que las torturan". Creemos que huelgan los comentarios a estas expresiones del fundador de la Universidad Nacional de Tucumán.

Durante el segundo provincialato del P. Boisdron (1901-1905) ocurre en el orden nacional un acontecimiento que provoca grandes inquietudes.

Desde hace tiempo viene agitándose el fantasma del divorcio. En 1901, el flamante arzobispo de Buenos Aires, Mons. Mariano Antonio Espinosa, encarga al P. Boisdron una serie de conferencias sobre el matrimonio en la catedral metropolitana y en una de ellas trató ex profeso el tema divorcista.

En 1902, el diputado por Buenos Aires Carlos Olivera, presentó un proyecto de ley que tenía todas las perspectivas de triunfo, dado el ambiente que se venía agitando, los esfuerzos de la masonería y de las corrientes anticatólicas de todo tipo, así como de la prensa liberal. Por otra parte, ya habían desaparecido los grandes parlamentarios católicos del 80, los Avellaneda, Estrada, Goyena, Pizarro, Achával Rodríguez, Lamarca, vale decir que el panorama se presentaba sombrío.

En ese año de 1902 se había incorporado al Parlamento Nacional un joven diputado tucumano (tenía 29 años de edad), el Dr. Ernesto E. Padilla, cuya intervención en el caso sería toda una revelación y cambiaría el rumbo de los acontecimientos. Su brillante actuación en la discusión de aquel proyecto, daría el triunfo a la causa católica, pues llegaría a convencer no sólo a los indiferentes, sino hasta a algunos de los más ardientes divorcistas. Realizada la votación, resultó rechazado el proyecto por cincuenta votos contra cuarenta y ocho. Grandes fueron las ovaciones y muchísimas las felicitaciones que recibió el joven diputado a raíz de su memorable discurso del 25 de agosto de 1902. Pero veamos lo que tiene que ver el P. Boisdron con todo esto.

El Dr. Ernesto E. Padilla, nacido en 1873, conocía al dominico francés, íntimo amigo de su familia, desde su más tierna infancia.

El P. Guillermo Furlong en su extensa obra biográfica sobre Padilla, habla de "sus vinculaciones con la Orden de Santo Domingo, en especial con el P. Boisdron, quien tanta influencia, así espiritual como intelectual ejerció sobre el joven adolescente entre 1885 y 1889, mientras realizaba sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Tucumán". Además, como ya expresamos, había hecho sus estudios primarios en la escuela de Santo Domingo bajo la dirección de nuestro biografiado.

Ha sido el P. Boisdron quien escribió en carta al Padre David Ghiringhelli O. P., Prior de Tucumán, fechada en Córdoba el 24 de julio de 1899, es decir tres días después del fallecimiento de doña Josefa Nougués de Padilla, madre de Ernesto, que ella solía decir, entusiasmada al leer los discursos de los grandes parlamentarios católicos del 80, que se opusieron a los proyectos de ley de enseñanza laica y matrimonio civil, o sea a los que ya nombramos: "dichosa sería yo de tener hijos que así entendiesen y defendiesen a la Iglesia Católica". Furlong reproduce íntegramente esta extensa carta en su biografía del Dr. Padilla.

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