Pero está lejos de acabar todo aquí. Ya hemos dicho que en 1901 el P. Boisdron dio en la catedral de Buenos Aires, a solicitud del arzobispo Espinosa, una serie de conferencias sobre el matrimonio y el divorcio.

En julio del año siguiente, cuando ya estaba presentado el proyecto de ley y comenzaba su discusión, llega a Buenos Aires el obispo de Tucumán, Monseñor Pablo Padilla y Bárcena acompañado por el P. Boisdron.

“Este dominico, escribe Carlos Dalmiro Viale en su libro "Buenos Aires, 1902. Batalla del divorcio", se había hecho célebre en 1877, polemizando con Benjamín Posse. El P. Boisdron, que era un fraile humilde, amigo del diputado Padilla, muy versado en teología, filosofía, ciencia bíblica, economía política, derecho canónico y civil, historia, literatura clásica y moderna, fue una revelación para los católicos porteños y trajo un esfuerzo positivo, mayor que el que pudo suponerse, a la defensa del matrimonio cristiano. De entrada, predica en Santo Domingo, y enseguida todas las parroquias lo disputan y no lo dejan descansar un solo domingo".

No puede caber duda, después de los antecedentes que hemos mencionado y ante los hechos relatados, que el P. Boisdron, fue el asesor o uno de los principales asesores del joven parlamentario tucumano, que se iniciaba con tanto éxito y estaba llamado a muy altos destinos en su provincia y en el ámbito nacional.

Terminado su segundo provincialato, en 1905, vuelve a continuar su labor de siempre en su convento de Tucumán. Dirige la Congregación de las Hermanas Dominicas y mantiene, con sus sesenta años ya cumplidos, pero vigoroso todavía, una intensa labor de predicación, de dirección de almas y de periodismo. Además, dirige la Tercera Orden dominicana y es consultor del obispado y censor diocesano de libros.

Desde poco después de su llegada, en 1876, gozó de un predicamento tal, como quizá ningún otro sacerdote haya tenido en Tucumán. En todas las esferas sociales era respetado y extraordinariamente apreciado como sacerdote y como hombre de ciencia y de consejo.

Fue llamado para la asistencia espiritual del general Celedonio Gutiérrez, ex gobernador, que falleció en Alderetes el 12 de agosto de 1880. Lídoro Quinteros, otro ex gobernador, lo hizo llamar a Buenos Aires, en agosto de 1907, al sentirse enfermo de gravedad. El Padre Boisdron viajó a la capital el día 18 y asistió a Quinteros, que fallecía el 25.

También en otras ciudades de la República lo reclaman. Así tenemos, por vía de ejemplo, que el 30 de setiembre de 1911, tiene a su cargo el sermón en la gran fiesta que celebra el convento de Córdoba con motivo de que su templo de Santo Domingo ha sido elevado a la jerarquía de Basílica.

En 1901 y 1913 fue enviado en calidad de Definidor, es decir, como delegado de la Provincia dominicana argentina, a los Capítulos Generales que la Orden celebró en Gante (Bélgica) y en Venloo (Holanda). En su carácter de Provincial asistió a otros dos de aquellos encuentros ecuménicos dominicanos: en 1898, al Capítulo General de Viena, en Austria; y en 1904 al de Viterbo, en Italia. Entre 1915 y 1917 ejerce el rectorado del Colegio Lacordaire, en Buenos Aires.

A fines de mayo de 1919 Tucumán celebra solemnemente sus Bodas de Oro sacerdotales. No vamos a detenernos en relatar esta celebración, porque sería de no acabar, pero no podemos menos que expresar que no sólo el convento y la Congregación de Hermanas Dominicas, sino Tucumán todo se da cita para rendirle un homenaje muy merecido.

Además de las celebraciones que se realizaron en aquellos días, y que publicó en un folleto la Biblioteca del Apostolado de la Oración, se formó una comisión especial, integrada por los doctores Juan B. Terán, Alberto Nougués y Ernesto E. Padilla, que tenía por finalidad la publicación de sus sermones, conferencias y escritos.

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