No obstante haber transcurrido ya cuarenta y siete años de su deceso, el Padre Boisdron carece hasta hoy de una biografía acorde a sus méritos. Lo que se ha escrito sobre su vida y sus realizaciones son breves y muy incompletas reseñas, publicadas ocasionalmente, como al cumplir sus Bodas de Oro sacerdotales, en 1919, o con motivo de su deceso, ocurrido en 1924.

Pero por otra parte, está lejos de ser un personaje completamente desconocido u olvidado, a quien es necesario exhumar del polvo de los archivos. Por el contrario, su luminoso recuerdo y muchas de sus obras perviven todavía, desafiando al tiempo, este tiempo nuestro, semejante a un torbellino, que sepulta tantos valores en el olvido.

De más está decir que en esta ocasión no intentaremos una presentación completa de su vida, su personalidad y su acción, de sus virtudes, sus calidades de hombre de estudio, sus dotes de catedrático, de predicador o de conferencista, sus condiciones de prelado o de hombre de empresa en el terreno del espíritu, y de todas las realizaciones que llevó a cabo durante su prolongada y fecunda existencia. Pero, al conmemorar el 47° aniversario de su muerte, vamos a realizar el intento de evocar su figura augusta y señera, en la medida que nos sea posible.

En Montmoreau, su pueblo natal, realizó sus estudios primarios. Para los secundarios fue enviado al Petit Seminaire de la ciudad de Cognac, situada en la misma provincia de Charente, según ya expresamos. Estando ya para terminar sus estudios humanísticos, un retiro espiritual dirigido por el dominico Mateo Lecomte, decidió al joven seminarista Boisdron a ingresar en la Orden dominicana.

El padre Lecomte años después fundaba en Jerusalén, el convento de San Esteban, en el antiguo santuario del protomártir del cristianismo. Los dominicos franceses, bajo la dirección del renombrado escriturista Fr. José María Lagrange, establecieron allí en 1890, la Escuela Bíblica de San Esteban, que hasta el día de hoy es uno de los centros de estudio bíblicos de mayor jerarquía que existen en el mundo.

Contando ya 17 años de edad, ingresó en el noviciado del convento de Lyon, en donde vistió el hábito el 13 de mayo de 1862. Bajo la dirección de religiosos que habían sido compañeros o discípulos del P. Enrique Domingo Lacordaire, restaurador de la Orden Dominicana en Francia y uno de los más afamados oradores sagrados del siglo xix, plasmó su espíritu en una austera vida religiosa, en el amor al estudio y en la fe apostólica que lo caracterizaba.

El 23 de mayo de 1863 emitía sus primeros votos religiosos y pasaba a la casa de estudios de Carpentras, cerca de Aviñón, en donde cursó la filosofía y la teología que correspondía a su carrera. Entre sus profesores y condiscípulos los hubo muy distinguidos como los Padres Vicente de Pascal, filósofo y teólogo, aunque más renombrado aún como sociólogo y economista; Reginaldo Genier, muy conocido por sus estudios históricos, Ambrosio Potton D'Alensie, Pallu de la Darrière y otros.

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