La Formación de la Conciencia en la Adolescencia

El máximo deber de los padres es legar a sus hijos no sólo la experiencia vital adquirida, la protección material y afectiva, sino “un modelo de nobleza espiritual más allá de los mandatos y convenciones”.

Hoy hay una peligrosa retirada de los padres modernos de su misión educativa; no de su rol, sino de su misión, que supone necesariamente una visión trascendente de la vida y una visión lúcida sobre las desviaciones de nuestro tiempo:-la tendencia a la adolescentización, miedo a marcar los límites, falta de conciencia de los desafíos que enfrentan los jóvenes del siglo XXI, marcado por la relativización de los valores, la legitimación del consumo indiscriminado de drogas y alcohol, la adicción por la vida vertiginosa, el materialismo grosero y el entretenimiento alienante y estupidizador.

Todos queremos que nuestros hijos sean buenos y felices, y para ello nada mejor que crecer en una familia, ya que ella tiene 5 grandes funciones:

  • Equidad generacional: la familia promueve la existencia de la corresponsabilidad intergeneracional (abuelos-padres-hijos)  que permite que los miembros de la familia al poseer distintas edades y papeles puedan recibir diversos cuidados, afectos, equilibrios entre actividad laboral, servicio e inactividad forzosa a través del tiempo. Prepara educativamente a las personas para ser responsables no sólo de las generaciones que les anteceden sino también de las que vendrán.
  • Transmisión cultural: la familia educa en la lengua, la higiene, las costumbre, las creencias, las formas de relacionarse y trabajar. También los roles diferenciados de ser varón y mujer que promueven la complementariedad y reciprocidad.
  • Socialización: la familia desempeña el papel de proveer los conocimientos, habilidades, virtudes y relaciones que permiten que una persona viva la experiencia de pertenencia a un grupo social más amplio.
  • Control social: la familia natural introduce a las personas que la constituyen en el compromiso con las normas justas, con el cumplimiento de responsabilidades y obligaciones, con la búsqueda no sólo de bienes placenteros sino de arduos que exigen esfuerzo, constancia, disciplina, sobre todo a través del papel del padre.
  • Afirmación de la persona por sí misma: que se cuida y promueve en la familia, esto permite descubrir la propia dignidad y los derechos humanos que se fundamentan en ella. La formación de vínculos sólidos crea una red de contención llamada confianza básica que permite el crecmiento y desarrollo armónico de la persona.

La familia es el marco referencial dador de identidad y de crecimiento porque en ella se transmiten los valores que indican hacia dónde vamos, las tradiciones que dicen de dónde vengo, y los límites que muestran el espacio de autonomía en donde puedo ejercitar mi libertad.

Pero antes de entrar de lleno a la formación de la conciencia en el adolescente me parece importante ubicar este tema en tres contextos:

1º la edad de la adolescencia

2º las crisis vitales de la familia y los padres

3º la realidad sociocultural

1º LA EDAD DE LA ADOLESCENCIA

La adolescencia es un período complejo, de cambios biológicos y psicológicos, paso de la niñez a la adultez. Muchos la llaman “edad del pavo”, “edad de la rebeldía”, “edad difícil”. Es una etapa muy importante ya que surge la capacidad de descubrir la vida, y desarrolla su personalidad

El adolescente está en una etapa de duelo y crisis, donde se distinguen diferentes momentos, de modo tal que podemos hablar de:

  • adolescencia inicial (entre 12 y 14 años aprox.),
  • adolescencia media (entre 14 y 16),
  • adolescencia tardía (entre 16 y 18) y
  • transición a la adultez (entre los 18 y los 25).

Cada una de estos momentos tiene un eje central de preocupación y ocupación. En el inicio de la adolescencia el cuerpo cambiante esta en “primer plano”. También aparece el pensamiento conceptual, que va a favorecer la reflexión, la emotividad poco controlada, la introversión-extraversión, ensoñación, menos presencia en la casa y más dedicación a los amigos.

En la adolescencia media es cuando advienen cambios que tienen que ver con la percepción del sí mismo, correlato psíquico de los cambios corporales. Es el momento de más conflictos con los padres y la familia en general. Es el despertar del yo, donde tiene gran importancia el autoconcepto y la autoestima para la consolidación de la identidad. El pensamiento reflexivo ayuda el afianzamiento de la conciencia moral, puede razonar mejor, comprender y tener mayor fluidez verbal. Pasa de la moral herterónoma a una moral autónoma, es decir que las normas ya no son vistas como algo meramente coercitivo, sino como valores/verdades que hay que asumir e interiorizar. Esta interiorización hace posible la conciencia del sentido del deber, surgen también las motivaciones internas. Los valores no se reducen a principios teóricos sino que se integran en un ideal personal elegido libremente y encarnado en modelos humanos. Se profundiza la intimidad y surgen con fuerza los sentimientos de amistad y amor.

Las grandes necesidades de identidad, afecto, realización personal, independencia y relaciones sociales sirven para que este adolescente despliegue sus capacidades y sea conciente de sus posibilidades personales.

En la adolescencia tardía lo social ocupa un lugar importante. Los conflictos intrafamiliares se desplazan en forma de críticas hacia otras autoridades de la sociedad. En esta etapa se recupera el equilibrio, la estabilidad y la paz interior. Se afirma la personalidad con el afán de superación. La tarea más importante de esta etapa es el cultivo de la vida interior y de los sentimientos sociales por la apertura al comportamiento solidario.

De todos estos períodos la etapa en la que el adolescente es más vulnerable es en la inicial y media. Justamente, por ser un momento de cambios muy marcados, se encuentra especialmente sensible a ser herido por acontecimientos que en otro momento no le harían daño.

Los grandes cambios de los que hablamos, obviamente, no tienen que ver sólo con modificaciones corporales, sino en toda la red de vínculos que el adolescente sostiene: con sus pares y sus padres, con la percepción que tienen de sí mismo y de su propio cuerpo. Cada una de estas relaciones interactúa y modifica los otros elementos de la red. 

Para reafirmarse y encontrar su lugar, el adolescente se sitúa frente a la autoridad en la posición de demanda (demanda su derecho a demandar), interpela, contradice y replica formas que sus padres han adoptado o querido adoptar en la adolescencia. Esa es una de las  razones por las cuales los adolescentes suelen poner “en un lugar incómodo” a los adultos.

También es frecuente que en la adolescencia el joven enfrente desafíos y riesgos, pero no simplemente porque se vea envuelto en ellos, sino porque deliberadamente los busque. La razón de ello es que este enfrentamiento le produce la sensación de cohesión del sí mismo, la sensación de ser el mismo actor de su vida. A través de ellos intenta expandirse y consolidarse, sentir que es él mismo quien elige cuál riesgo correr, cuál no y en quién confiar.

Obviamente en estos desafíos el papel de los padres, y adultos en general es muy importante, porque son ellos quienes lo pueden ayudar a discernir qué riesgo es necesario y positivo enfrentar para crecer y qué otros pueden afectar seriamente su vida, su salud o su proyecto personal.

Por lo tanto, aunque sean pasos hacia el crecimiento, el adolescente se encuentra pasible de formas inadecuadas de rebeldía y más débil ante la presión social que ejercen sobre él, sus pares y de los medios de comunicación.

Pero no sería realista ver en este período evolutivo sólo lo que tiene de carencia, debilidad y conflicto. Si bien es verdad que el adolescente  debe elaborar pérdidas (del cuerpo infantil, de los padres de la infancia, del rol infantil), es aún dependiente, falto de experiencia  y excesivamente subjetivo en la percepción de la realidad, también es verdad que encierra un gran potencial. En él se está produciendo una transformación  que permite el reconocimiento y desarrollo de la identidad personal desde un lugar distinto, la adquisición de una nueva visión del mundo, la desidealización de los objetos de amor parentales y la edificación de un nuevo conjunto de valores, metas e ideales. Obviamente, a esta tarea hay que acompañarla y orientarla.

Como hemos visto las tareas del adolescente son:

  • Transformarse de forma que reconozca, desarrolle y edifique su identidad personal.
  • Adquirir una nueva visión del mundo, posible a partir de su acceso al pensamiento formal.
  • Desidealizar los objetos de amor parentales, de modo tal que pueda en el futuro, estar abierto a la percepción de sus padres como seres falibles.
  • Incorporar a su proyecto vital un nuevo conjunto de valores, metas e ideales.

¿Qué necesita un adolescente?

¿Qué necesita entonces el adolescente para poder desarrollar este potencial? En principio dos cosas muy simples. Nada más y nada menos que crecer y contar con un adulto referente. Aunque si bien esto parece demasiado sencillo es importante recordar que crecer no es sólo esperar a que pase el tiempo. Es fundamentalmente permitirle y  ayudarlo a crecer (dejarlo que se enfrente con riesgos y frustraciones razonables, que asuma responsabilidades propias de su edad), mostrarle lo bueno de crecer (¿solemos testimoniar a los jóvenes a “alegría” de ser adultos, o sólo dejamos que perciban el cansancio y el agobio de las responsabilidades de “los grandes”?), y por último, pero no menos importante que él mismo quiera crecer. No podemos hacerlo en su lugar.

Por otra parte decíamos que para crecer bien es necesario contar con un adulto referente. Aquí también es importante hacer un alto: un adulto que no lo sea sólo cronológicamente, sino que pueda posicionarse con madurez y compromiso frente al mundo de modo tal que resulte creíble, que pueda dar testimonio y sea lo suficientemente humilde como para reconocer sus limitaciones. Es un adulto asumido como tal, ayuda al adolescente a descubrir su identidad.

Un adulto demasiado a la par no puede guiar, es casi como otro adolescente también desorientado. Tampoco puede guiar un adulto demasiado distante, porque termina siendo ausente.

Muchas veces, los adultos que no se ubican en su lugar promueven, sin quererlo formas indeseables de rebeldía. 

Asimismo, son tareas evolutivas del adulto

  • Lograr la intimidad y la generatividad. (captar al otro como otro, más allá de sus necesidades e intereses)
  • Ocuparse en guiar a la nueva generación. (más allá de haber o no logrado la paternidad biológica)
  • Elaborar el trauma de la propia muerte futura. (aceptar el paso del tiempo y resignificar la limitación)
  • Establecer un compromiso ético con la realidad. (“realizar el ideal” en lugar de idealizar la realidad)

“La adolescencia es una época de búsqueda hacia adentro para descubrir lo que es, una exploración hacia fuera para hallar su lugar en la vida y una búsqueda en un “tú” para alcanzar la intimidad y poder completarse”.

Theodore Lidz ”La persona”

“Nosotros, los adultos, tenemos que ocupar nuestro lugar ante las otras generaciones. (...) Debemos ocupar el rol nosotros mismos, en cada casa, en cada escuela. No esperar que otros cubran el lugar que dejamos vacantes y adopten a quienes dejamos huérfanos.

Silvia Di Segni Obiols. “Adultos en crisis, jóvenes a la deriva”

Los adolescentes más jóvenes no aprenden de las consecuencias tan bien como los adolescentes mayores. Así que en vez de confiar en que tomen decisiones razonadas o aprendan en la escuela de los golpes, un mejor enfoque es supervisarlos”.

En principio evitar que se exponga. Podrán ser restringidos el acceso sin control a la red y  las salidas con desconocidos (y aquí conviene un  hacer un alto: “conocido” es alguien de quien sabemos donde vive, si estudia o trabaja, con quienes vive, que valores tiene...No alguien con quien se chatea desde hace un año). ¿Pero qué hacer cuando la realidad nos muestra que por más atenta y dedicada que sea nuestra mirada paterna, no puede ser omnipresente?.

Considerando las cualidades de los adolescentes a la hora de tomar decisiones es importante enseñarles a reconocer los indicios de las situaciones peligrosas, antes de que sea demasiado tarde y se vean envueltos en cuestiones de las que les será difícil salir airosos. Reconocidos los indicios, tendrán que aprender a crear las estrategias necesarias para mantenerse alejados de aquello que por su propia inexperiencia no sabrán manejar.

Ayudarlos a conocerse es un paso importantísimo. Ofrecerles un espacio para que puedan reflexionar sobre las sensaciones que se despiertan con determinadas conductas y a que lo conducen, (no a cualquier chico de su edad, sino a él mismo) de modo tal, que inicien el camino de reconocerse. 

Conociéndose y reconociéndose podrán discernir que situaciones deberán evitar, por su propio bien, más allá de la presencia de los padres.

Fortalecer una sana autoestima los ayudará a que valoren sus decisiones más allá de la adhesión que provoquen en su grupo y les servirá para que acepten las luces y las sombras que han reconocido en ellos mismos.  

Solo aceptándose logrará autoposeerse, encauzar sus impulsos, lograr un buen dominio de sí mismo. En definitiva: ser libres, ser ellos mismos. ¿No era eso lo que buscaban?   

2º LAS CRISIS VITALES DE LA FAMILIA Y LOS PADRES

Ser padre o madre es la vivencia real de salir de sí mismo hacia otro a quien cuidar, que necesita ser sostenido amorosamente para poder crecer y desarrollarse. El vínculo de apego seguro es el que sienta las bases para la formación de la personalidad íntegra. En este primer encuentro empezamos a devolver a nuestro hijo la imagen de su ser, se inicia así el camino de formación de su personalidad y del modo de vincularse sanamente al mundo. es así como los hijos nos transforman interior  (nos hacen padres y cambiar nuestra posición frente a la vida y hacemos un recorrido interior sobre nuestros padres: reconocimientos, reconciliación, miedos, angustias, alegrías) y exteriormente.

Ser padres significa “ser guía”, mostrar el norte. Debemos liderar el proyecto de ser padres- adultos: visionario, exigente, honesto, entusiasta.

El vínculo padre-hijo implica una relación jerárquica, necesaria para la confrontación y el crecimiento. El adulto padre es un cable a tierra para sus hijos.

Las relaciones familiares también sufren modificaciones con el correr de los tiempos. Al llegar a la adolescencia se producen modificaciones para toda la familia. Cada miembro del sistema familiar tiene que acomodarse a los cambios que ocurren dentro de la familia.

Por lo tanto hay ciclos vitales personales y familiares, con sus correspondientes crisis (oportunidad y riesgo), necesarias para la madurez.

Cuando un hijo entre en la adolescencia Erikson plantea que está en la etapa “identidad vs confusión de identidad” y los padres entramos en la etapa “generatividad vs estancamiento”, en el adolescente hay un “duelo por la pérdida del cuerpo infantil”, mientras en el adulto hay un “duelo por la pérdida de la juventud”. Es un tiempo de balances y replanteos sobre la propia vida, y el reconocimiento de las propias limitaciones. Las modificaciones corporales reales o fantaseadas comienzan su advenimiento. Los hijos son los que marcan el paso del tiempo y devuelven como espejos a sus padres, la pérdida de la juventud. El duelo aparece frente a su propia historia, surge una serie de preguntas “existenciales” acerca de los valores que rigieron en sus vidas, los logros familiares, los objetivos laborales, económicos y sociales, en definitiva, lo que se hizo hasta ahora y a partir de aquí cómo seguir. Nos damos cuenta que ya “no se puede todo y que la juventud no es eterna”.

Ser un padre “generativo” significa cuidar, dar a luz, orientar, fortalecer el ser personal para transformarme en un modelo de transmisión de valores reales de adultez que vale la pena vivirse.

Muchas veces aparece el síndrome del estancamiento, padres, por el miedo a perder el afecto de sus hijos o porque están tan centrados en sí mismos que no ejercen su rol y función. Confunden confianza por abandono y dejan al hijo sin el espejo para confrontar, desdibujando límites y valores. Negar la realidad “mi hijo no”, creer que “ya es grande”, “ya sabe”, deja al hijo sin límite ni ruta segura para su camino “¿qué puede pasar?”, “mi hijo no toma”, indica el miedo de los padres a perder el afecto de sus hijos  sucumben a lo que ellos “piden. Educar y acompañar a un adolescente no es tarea fácil, implica un profundo desgaste emocional y un continuo replanteo. Es aprender a asumir el lugar en el tiempo que a cada uno le corresponde. Abrir el espacio comunicacional es uno de los caminos.

Debemos recuperar como adultos el ser espejo originario de los hijos que es recordarles quién se es, a través de la presencia, del afecto, de la confrontación y del espacio compartido ¿qué mirada le estoy devolviendo a mi hijo?

Asumir las crisis vitales permite re estructurar la familia como espacio de encuentro y amor para crecer y sostenernos.

Es fundamental la autoestima de los padres enseña a los hijos del respeto por lo que uno es y favorece que nos plantemos frente a ellos como un claro modelo identificatorio.

3º CONTEXTO SOCIOCULTURAL

La sociedad de hoy utiliza frases como " Qué más da”, "Todo vale" o "las cosas han cambiado", que demuestran el vacío en que se encuentra, un vacío moral.

Surgen cambios muy rápidos que desconciertan. Entonces se dan en la realidad las siguientes característicos:

a. Materialismo: cierto reconocimiento social por ganar mucho dinero.

b. Hedonismo: pasarlo bien a costa de lo que sea, muerte de los ideales, el vacío de sentido y la búsqueda de una serie de sensaciones cada vez más nuevas y excitantes.

c. Permisividad: arrasa los mejores propósitos e ideales.

d. Revolución sin finalidad y sin programa: la ética permisiva sustituye a la moral.

e. Relativismo: cae en la absolutización de lo relativo, brotan así unas reglas presididas por la subjetividad.

f. Consumismo: formula postmoderna de la libertad.

Surgen entonces en la sociedad las" nuevas enfermedades", que se admiten como algo inevitable.

• Rupturas conyugales.

• Drogas.

• Paro.

Esto trae como consecuencia un pensamiento débil de convicciones sin firmeza, asepsia en sus compromisos, indiferencia, tomando como guía  lo que se lleva, o lo que está de moda.

Podemos decir así que los adolescentes están en riesgo. La iniciación sexual precoz, los acercamientos erotizados imprudentes y aún los “inocentes“ juegos virtuales que sobreexponen la intimidad de los adolescentes, pueden implicar serios riesgos para su integridad física, psicológica o moral... a pesar de todo, muchos de ellos, no sólo se ven envueltos en situaciones semejantes sino que las buscan deliberadamente.

¿Por qué, entonces, adoptan conductas riesgosas?

Enfrentar desafíos otorga la percepción de mayor cohesión de la propia identidad. Ser libre, enfrentar el miedo y autodeterminarse. Expandirse y dominar la situación. Ser uno mismo.

Aquí se encuentra  la primera clave: ¡Cuán importante es sentirse uno mismo en un momento evolutivo en que justamente la identidad personal está aún por edificarse, y el “uno mismo” es lo que todavía no se deja ver claramente!

En la búsqueda reiterada desafíos, emociones y riesgos los adolescentes manifiestan su necesidad de ir encontrándose.

Y mientras realizan este recorrido son más susceptibles a ser lesionados por circunstancias adversas, más débiles ante la presión de sus pares, más manipulables por los medios. En definitiva, más vulnerables No podemos obviar el papel central que los pares ejercen durante este período vital, ni que tan importante es para ellos sentirse pertenecientes y partícipes del grupo.

¿Alcanza entonces, con que los adultos les informemos sobre los riesgos que corren?

No podemos dejar de hacerlo, pero ciertamente es insuficiente. La inteligencia, que en la adolescencia alcanza su capacidad discursiva para teorizar e hipotetizar,  adquiere su verdadera dimensión en la adultez con la captación de lo esencial, “el quid” que permite llegar al fondo de las cuestiones más rápidamente, percibir el mejor curso de acción y por lo tanto reducir las situaciones riesgosas.

¿COMO EDUCAR LA CONCIENCIA DE LOS ADOLESCENTES?

El niño poseía una conciencia determinada por la autoridad que consistía en un conjunto de preceptos tomados por los adultos. Esta conciencia era una voz de una instancia exterior a la persona transferida a su interior.

Sólo a partir de la edad juvenil, el desarrollo del ánimo, de la razón, y del afán por el propio valor, hace posible aquella conciencia de la responsabilidad ante sí mismo y ante una autoridad moral religiosa gracias a la cual los preceptos y leyes de las autoridades, convertidos en una parte de la propia personalidad, se experimentan ahora como deberes interiores. Así se forma la conciencia autónoma: “ es la voz propia, que habla en cada hombre, y que no depende de castigos o recompensas de tipo exterior” esta conciencia propia es un regulador de la propia conducta mucho más eficaz que el miedo a la autoridad exterior.

La educación de la conciencia debe comenzar en la primera infancia proporcionando a través del consejo y la instrucción, los fundamentos de la conducta personal y las ideas morales directrices, valiéndose para ello del ejemplo. Se lo debe ejercitar al dominio de la voluntad a través de ciertas renuncias, y ayudarlos a que se responsabilicen de las decisiones tomadas.

En esta etapa es fundamental la misión del Garante Etico, quien a través de la confianza, comprensión y la apertura a las impresiones ayude al nacimiento de la individualidad. A la vez que muestran que tiene sentido vivir éticamente.

Se consolida la estructura psíquica y hay una relación más equilibrada entre el sentir y el pensar. Aparece un realismo crítico, la imagen del mundo se vuelve más realista.

APERTURA A LA VERDAD. La formación de la conciencia tiende a guiar a la persona hacia el bien y la verdad. Porque el individuo tiene el deber de seguir la conciencia recta, y la conciencia, a su vez, tiene la obligación de seguir la verdad. Por ello, la búsqueda y reconocimiento de la verdad objetiva constituye en el proceso educativo un aspecto de vital importancia. Para formar la conciencia es indispensable que la persona busque la verdad y quiera obrar en verdad. Se trata de la identificación con la verdad, de la apropiación personal de los valores y exigencias morales, de la interiorización del mensaje cristiano. Formar la conciencia es ayudar al creyente a conocer a Cristo y a amarlo, a identificarse con él, a aceptarlo como centro de toda la vida, a adoptar sus valores y criterios.

Para la conciencia, la relación a la verdad es una condición esencial. Si no se da, queda vacía y pierde su autenticidad. Entre verdad y conciencia existe una reciprocidad que no es posible romper. No se puede hablar de formación de la conciencia sin una tensión sincera de búsqueda de la verdad

Quienes se preocupan seriamente de formar la propia conciencia o de ayudar a otros en este proceso, saben que muchas veces es posible encontrarse en situaciones difíciles, en las que no aparecen claramente los verdaderos valores morales, o las decisiones que deben tomarse. A veces, la tensión puede resultar grave y dramática, porque las situaciones en que hoy vivimos son muy complejas. Especialmente en estos momentos la conciencia cristiana cuenta con la ayuda inestimable de la palabra de Dios y de la enseñanza del magisterio de la Iglesia.

Para el creyente, el medio privilegiado en la búsqueda de la verdad y en la formación de la conciencia: la palabra de Dios y la enseñanza del magisterio en el campo ético, que tiene la función pastoral de enseñar y orientar la conciencia de los creyentes. Su misión es proponer la verdad objetiva y orientar hacia ella la conciencia de los creyentes y de todos los hombres

DISCERNIMIENTO ÉTICO. La conciencia implica la capacidad de juicio y de discernimiento. Es decir ayudar a ser capaces de discernir el bien y el mal, el pecado y la acción de Dios. En realidad, el discernimiento significa la capacidad de ejercer la propia libertad y responsabilidad moral.

Para san Pablo, el discernimiento constituye lo que tiene que ser, en concreto, la conducta del hombre de fe: «Hermanos, os ruego no os acomodéis a este mundo; al contrario, transformaos y renovad vuestro interior para que sepáis distinguir cuál es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto» (Rom 12,1-2).

Según san Pablo, lo que de verdad especifica y define al hombre cristiano es la capacidad de discernir personalmente lo que Dios quiere. Por eso, los cristianos han de vivir como hijos de la luz.

El discernimiento es principio clave de una moral personalista. Y la formación de la conciencia tiene que asumir también el principio pedagógico de la personalización, que supone cercanía y empatía, camino de diálogo y encuentro personal. Formar la conciencia en esta clave implica ayudar a ver y analizar la realidad, a descubrir las causas y motivaciones, a buscar soluciones a la luz de la palabra de Dios. Se forma conciencia, provocando una continua confrontación de la propia escala de valores con los valores evangélicos. Pero conviene advertir, además, que la tarea educativa en el discernimiento tiene que ayudar a superar los riesgos del subjetivismo e individualismo, la posible tendencia al intimismo, así como las desviaciones ideológicas del juicio ético.

LOS PRIMERO que podemos decir es que para un correcto discernimiento ético de nuestras acciones o conductas debemos analizar:

  • La acción en sí, ¿qué hice?, mentí, robé, ayudé.
  • La intención de la acción, ¿para qué lo hice? Para ayudar, porque no quiero enfrentar la verdad por miedo al castigo, etc.
  • El contexto de la acción: ¿con qué? ¿dónde?, ¿a quién?, ¿cuándo?. No es lo mismo robar a un anciano que a un adulto, ni escandalizar a un niño que a alguien formado.

Los dos primeros puntos plantean la moralidad de la conducta, basta que uno sea malo para que la conducta sea mala. El tercer criterio sólo agrava o atenúa la falta moral.

El hombre tiene en su corazón una inclinación natural y esencial: “la tendencia a ser”, lo cual se traduce en la necesidad de unidad, la búsqueda de la verdad, la exigencia del bien y el deseo de disfrutar de la belleza.

Hoy en día hay una gran manipulación de la verdad. Las palabras las cambiaron, resignificado: interrupción voluntaria del embarazo por aborto, etc.

Debemos educar a la inteligencia para descubrir la verdad, no mi opinión o tu opinión, sino la verdad de las cosas., para que la voluntad se adhiera a ella y así asumir el bien que encierra. Ojo cuando nos dicen ¿qué tiene?, “no es para tanto”.

Educar en las virtudes es asegurarnos el camino para que nuestros hijos obren con buena intención y con prontitud el bien. También la Fe

Así no sucumban a la presión activa o pasiva de los otros. No importa cómo actúen los demás, yo sé lo que corresponde hacer”. “Mil mentiras no fabrican una verdad”.

La verdad es la adecuación entre el entendimiento y la realidad. por eso depende más de lo que son las cosas que del sujeto que conoce. No hay mi verdad, tu verdad sino la verdad.

Es el sujeto el que debe adaptarse a la realidad, reconoce como es. El subjetivismo surge precisamente cuando la inteligencia prefiere ahorrase el esfuerzo o el disgusto de ver las cosas como son y decide colorear la realidad según sus propios gustos, entonces la realidad ya no se descubre en las cosas sino que se inventa a partir de ellos.

El subjetivismo deforma cuestiones graves:

-la que aborta quiere creer que sólo interrumpe su embarazo, etc.

El descubrimiento de la verdad nos lleva a buscar el bien y rechazar el mal y por ello es necesario fortaleza para afrontar el compromiso con la verdad.

La verdad es la realidad, es lo que es., en coherencia con lo que se dice y hace.

Hoy may mucha manipulación, se presentan como derechos comportamientos y actitudes inadecuadas.

Manipular es presentar algo falso como verdadero, lo negativo como positivo, lo degradante como beneficioso, “manipular la sexualidad con la pornografía es un negocio muy rentable.”

Formar criterios desde la inteligencia y convicciones desde la fe., las virtudes para un recto actuar, ideales nobles, una libertad responsable para mi plenitud y para servir mejor a los demás. Y una escala de valores.

Libertad para poder dirigir y dominar los propios actos, la capacidad de proponerse una meta y dirigirse a ella, el autodominio con el que los hombres gobernamos nuestras acciones. El acto libre es conducido por la inteligencia y la voluntad. “el hombre siempre decide lo que es” y la libertad está dada para alcanzar la plenitud y el bien. Está al servicio del perfeccionamiento humano.

Somos libres cuando entre el estímulo y la respuesta interponemos un juicio de valor y decidimos en consecuencia. (la ley no siempre es justa o buena ej adicciones)

Víctor Frankl plantea que ser responsable significa tener que responder de algo ante alguien. Ese alguien es de forma inmediata, la conciencia. Pero ésta es la penúltima instancia , ya que la última es un ser personal que está detrás de la conciencia: DIOS.

Educar la conciencia también es educar en la FE (bienaventuranzas, mandamientos)

La conciencia es una ley razonable, escrita en nuestros corazones que juzga sobre la maldad o bondad de nuestros actos humanos. El bien y el mal no son fabricaciones humanas. La conciencia es la brújula que ayuda a mantener mi vida en el recto camino

Nuestra conciencia podríamos compararla con el dolor físico, a nadie le gusta sentir dolor, así nuestra conciencia nos indica cuando se ha producido un daño en nuestra vida a fin de poder repararlo.

El papel de la conciencia no se limita a descubrir lo malo, sino que nos alienta a obrar bien, a buscar la perfección en todo lo que hacemos. Cuando se presenta la oportunidad de ayudar a una persona mayor a llevar la bolsa de compras, etc nuestra conciencia nos estimula a actuar de forma positiva.

CALIBRAR LA CONCIENCIA

Cuando una conciencia es sana, no anda con rodeos: al pan pan y al vino vino; reconoce y llama bien al bien y mal al mal, sin confundirlos. Pero la conciencia puede desajustarse y hay tres tipos:

  • ESCRUPULOSA: es una conciencia enferma, marca más de lo debido, todo le parece peor de lo que es. Descubre pecado donde no lo hay, mal grave donde sólo hay imperfección. La persona escrupulosa es tímida y aprensiva, cree que sentir equivale a consentir y por lo mismo confunde la tentación con el pecado. Vivir con la conciencia escrupulosa es como conducir un auto con el freno de mano puesto: en continuo estado de fricción, tensión y estrés.
  • LAXA: si la conciencia escrupulosa peca por exceso, la conciencia laxa peca por defecto. La persona con conciencia laxa decide sin fundamentos suficientes, que una acción es lícita o que una acción grave no es tan seria. Acepta como bueno lo que no lo es (no es malo, sólo es pícaro). La persona laxa tiene como lema “errar es humano”,, infravalora la responsabilidad de sus acciones. Chesterton decía que un hombre que jamás ha tenido un cargo de conciencia está en serio peligro de no tener una conciencia que cargar.
  • BIEN FORMADA: la conciencia bien formada se ubica entre estos dos extremos. Es delicada, se fija en detalles, insiste en la perfección. No se deja llevar por sofismas ni pretende huir de la verdad, no se limita a percibir el mal sino que impulsa a buscar activamente el bien y la perfección en todo.

COMO FORMAR LA CONCIENCIA

Hay dos reglas importantes que debe seguir toda conciencia recta:

  • Nunca puedes justificar el mal para obtener un bien. En otras palabras: el fin no justifica los medios.
  • No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti, o visto en forma positiva: trata a los demás como te gustaría que te trataran.

Formar una recta conciencia supone alcanzar tres objetivos:

  • Educar la conciencia para que sea capaz de abrirse a los valores objetivos asimilándolos como propios, percibiendo el bien y el mal como algo por hacerse o evitarse.
  • Fortalecer el influjo de la conciencia sobre la voluntad, llevando a la persona a hacer el bien y evitar el mal.
  • Formar la conciencia para emitir juicios rectos sobre la bondad o maldad de los actos y ponerlos en práctica.

Cómo formar una recta conciencia.

Para ayudar a nuestros niños y jóvenes a adquirir una recta conciencia podemos:

  • Animarles y ayudarles a estudiar la doctrina católica, los Evangelios, los documentos y orientaciones de la Iglesia de una manera constante.
  • Ayudarles y animarles a reflexionar antes de actuar, pensando siempre en lo que están haciendo, en porqué lo están haciendo, en las consecuencias que ello puede tener para ellos o para los demás, en la manera como se sentirán después de hacerlo. Ayudarlos a no guiarse por instintos sino por convicciones, independientemente de lo que los otros digan o hagan, o lo que esté de “moda”.
  • Ayudarles a tener bien claros los principios que deben cumplir.
  • Animarles y guiarles para llevar una profunda vida de oración y de sacramentos, · Enseñarles a hacer un buen examen de conciencia y un balance de sus actos todas las noches.
  • Animarlos a pedir ayuda y consejo
  • Promover en ellos la virtud de la sinceridad, para que sean capaces de llamar a las cosas por su nombre, ante ellos mismos, ante Dios y ante quien dirija su alma. Los problemas en el campo de la conciencia es cuando se empiezan a encontrar justificaciones fáciles para no hacer el bien o, lo que es peor, para hacer el mal.
  • Ayudarles a mantenerse y a no desanimarse ante los fallos; aprendiendo siempre que ante las caídas lo mejor es comenzar de nuevo, y ayudarles a entender que lo peor que se puede hacer es pactar con los fracasos y las desviaciones del comportamiento aceptándolos como irremediables e inevitables. Ayudarle a reparar con amor el mal que se haya podido hacer y comenzar a construir de nuevo.
  • Ayudarles a formar hábitos de buen comportamiento y a cumplir su responsabilidad al detalle, no sólo por encima.
  • Ayudarles a amar el bien por encima del mal y a no envidiar a quienes se rebajan a un nivel inferior, aunque esto pueda atraerles.
  • Hacerles ver en todo momento lo bueno que adquieren al vivir el bien, aunque implique trabajo y renuncia.
  • Brindarle un ideal valioso, recordándolos que el ideal más valioso y grande es Jesucristo, tanto en lo espiritual como en lo humano.

Después de las ayudas prácticas, es importante también conocer el proceso de un acto moral para saber dirigir bien la formación de la conciencia. Se puede hablar de tres operaciones o fases en la formación de la conciencia.

La primera, que precede a la acción, es percibir el bien como algo que debe hacerse y el mal como algo que debe ser evitado. Éste es el momento de ver: “Esto es bien hay que hacerlo” o “no, esto no está bien, debo evitarlo”.

La segunda fase es la fuerza que lleva a la acción, impele a hacer el bien y evitar el mal. Se expresa cuando decimos: “Hago el bien” o “no, esto no lo hago”.

Por último la operación subsiguiente a la acción, el emitir juicios sobre la bondad o maldad de lo hecho. En esta etapa nos decimos: “He obrado bien” o “he hecho algo malo”.

En el primer paso lo importante es abrir la conciencia a la ley como norma objetiva. Es decir, educar una conciencia recta que sabe dónde va y qué es la verdad. Esto lleva al segundo paso que requiere trabajo para que la conciencia sea guía de la voluntad. Se trata de habituarse a la “coherencia”, entendida como la constancia en actuar como pude la conciencia. No basta percibir que algo es bueno o malo, hay que saber dirigir la voluntad a hacer lo bueno y evitar lo que no se debe hacer. Percibir que es bueno ser paciente y amable con los demás es bueno, pero es insuficiente; esta percepción debe llevarme a acoger a los demás con bondad y delicadeza aun cuando me sienta cansado o de mal humor.

Esto requiere un trabajo de formación especialmente en el campo de la voluntad y de los estados de ánimo. Los estados de ánimo tienen que ser educados para lograr en la persona una ecuanimidad que le lleve a realizar lo que le pide la conciencia en cualquier circunstancia. Además, la voluntad tiene que ser formada para que sea eficaz, es decir, para que logre lo que pretende.

Por último, y todavía más importante, viene el juicio ulterior sobre lo hecho. Aquí es donde se juega de modo definitivo la formación o deformación de la conciencia. El que ha obrado mal y toma las medidas necesarias [ara reparar su falta y para pedir perdón ha dado un paso firme en le formación de su conciencia, mientras que el que la acalla, no prestándole atención, puede llegar a dañarla hasta que un día quizá sea incapaz de reaccionar ante el bien y el mal.

En conclusión, podemos decir que la brújula más segura en todo este campo moral es la adhesión fiel a la voluntad de Dios, compendio supremo de la ley natural y la ley revelada.

La coherencia ante ella es el camino de la madurez y de la felicidad que brota de una conciencia que vive en paz con Dios y consigo misma.

FRASES QUE MUESTRAN ERRORES EN LA CONCIENCIA

También puede suceder deformar nuestra conciencia a base de repetirle principios falsos como: “No hay que exagerar”, “Tómalo con calma”, “Todo el mundo lo hace”, “A cualquiera le puede pasar”. Se convierte así en una conciencia adormecida insensible e incapaz de darnos señales de alerta. Esto se da principalmente por la pereza o la superficialidad, que nos impiden entrar en nosotros mismo para analizar lo que hacemos.

Podemos convertir nuestra conciencia en una conciencia domesticada si le ponemos una correa, con justificaciones de todos nuestros actos, cada vez que quiera llamarnos la atención, por más malos que estos sean: “Lo hice con buena intención”, “Se lo merecía”, “Es que estaba muy cansado”, etc. Es una conciencia que se acomoda a nuestro modo de vivir, se conforma con cumplir con el mínimo indispensable.

convicción. convencimiento. Idea religiosa, ética o política a la que se está fuertemente adherido.

criterio: Norma para conocer la verdad. Juicio o discernimiento.

TEMAS PARA DISCERNIR

  • Aborto: trabajar la dignidad de la persona, la virtud del respeto y la autoestima y fortaleza.
  • Adicciones: trabajar las cosecuencias psicológicas y físicas, a la vez reforzar el propio valor, el cuidarse de la manipulación, sobre todo las virtudes de templanza, prudencia y fortaleza.
  • Sexualidad precoz: trabajar en el discernimiento de persona como imagen y semejanza de Dios. La virtud del pudor, castidad y modestia, como la templanza y el respeto. También es necesario trabajar el sentido del noviazgo. Educar la capacidad de espera desde niños los ayudará. (Revista Familia y Vida del mes de marzo)
  • Violencia: reconocimiento de las propias emociones, autodominio personal, fortaleza.
  • Facilismo: trabajar los ideales personales y la virtud de la responsabilidad.
  • Proyecto de vida: favorecer la búsqueda interior, el conocimiento de la realidad.
  • Etc

TEMAS PARA ENTUSIASMAR: se centra en la educación del amor, del sentido de la vida, de la fe y la libertad responsable.

  • La vida
  • La familia
  • Proyecto de vida
  • Etc.

CONSEJOS PARA PADRES

Despertemos a nuestra misión, que un buen padre vale más que 100 maestros. No dejemos huérfanos nuestros hijos de nortes e ideales de esperanzas y aspiraciones.

Educar y acompañar tiene un tiempo limitado. Es el tiempo de sembrar, para cultivar aquellos valores, creencias, visiones que serán las herramientas con las que contarán para el resto de sus vidas. Ellas las llevarán siempre en su interior. Es por tal motivo fundamental transmitirles aquello que después de un tiempo recorrido consideramos bueno para ellos.

  • No tener miedo.
  • Dar criterios y convicciones para la vida
  • Hay valores innegociables, ideales nobles.
  • Fortalecer con virtudes para obrar con prontitud el bien.
  • Mirar al hijo
  • Salir de sí mismos
  • Ocuparse de ellos
  • Acompañarlos
  • Escucharlos
  • Compartir
  • Enseñar
  • Decir que si y decir que no
  • Confiar.
  • Mostrar que crecer tiene sentido.

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