La Toma de Decisiones en el Matrimonio

La unidad en el matrimonio está muy relacionada con la entrega mutua y voluntaria de los cónyuges. El hecho de que sea así depende en gran parte de la capacidad de dar y de recibir en el matrimonio, y de las características de la misma relación. Depende también de las decisiones que se tomen en torno a los problemas que suscita todo cambio en la relación conyugal, o en cualquier otro aspecto de la familia.

Las dificultades en la comunicación conyugal no sólo surgen en la misma relación, sino también en actos decisorios realizados por los dos cónyuges a la vez, o por separado.

Debe haber un acuerdo por consenso en las circunstancias siguientes:

  • Cuando el tema puede influir de modo importante sobre el modo de vivir del otro.
  • Cuando el asunto tratado puede cambiar algo importante en el estilo establecido para esa familia,
  • Cuando los resultados de la decisión pueden ser difíciles de rectificar una vez tomada la decisión.

Temas que pueden entrar en alguno de estos aspectos:

  • presupuesto familiar y cómo manejarlo,
  • asuntos relacionados con el tiempo de ocio,
  • asuntos relacionados con religión,
  • el modo de demostrar afecto,
  • amigos (comunes, de cada cónyuge, de los hijos..)
  • relaciones íntimas,
  • filosofía de la vida,
  • cómo se debe tratar a los padres, los abuelos, etc.
  • objetivos considerados importantes,
  • la cantidad de tiempo que se debe pasar juntos,
  • el sistema para tomar decisiones importantes,
  • reparto de tareas en la casa (incluidos los hijos)
  • hobbies,
  • decisiones relacionadas con el trabajo profesional.

Entre cónyuges, por ejemplo, puede surgir un conflicto sobre la utilización del tiempo, el tiempo pasado en compañía del cónyuge, o con los hijos, en el trabajo, con los amigos, etc. Pero, también, pueden surgir conflictos por el dinero, bien porque cada uno cree que debe tener mayor autonomía en este asunto o porque no considera correcto la utilización que el cónyuge está haciendo de la autonomía que posee. El espacio en la casa puede ser excesivamente limitado y, en consecuencia, surgen conflictos en tomo a la utilización de ese espacio. Esto puede concretarse en cosas tan sencillas como poner o no el televisor en un lugar en que el cónyuge quiere leer. La clave en estas cuestiones consiste en encontrar o reconocer dónde escasean los recursos (espacio, dinero, tiempo,etc.), porque así será más fácil poner los medios para evitar conflictos,  lo que supone un esfuerzo a cada una de las personas implicadas.

Si existe un acuerdo en los asuntos fundamentales o se está luchando para llegar a un acuerdo, el estilo personal de cada cónyuge aportará riqueza al matrimonio. No buscamos uniformidad en el comportamiento, sino una interpretación personal de una misma realidad y un conocimiento y aceptación por parte del otro.

Así es el matrimonio. A veces, un cónyuge se centrará con más fuerza en su modo de conseguir sus fines y estará acompañado por la "música de fondo" del otro. Y luego se intercambiarán. Para que la interpretación sea buena, los dos tienen que conocer la melodía y haber decidido que la van a interpretar. Por último, tienen que estar muy atentos el uno al otro para no avanzar a distintas velocidades y mantenerse afinados, en armonía. No sólo se trata de un acuerdo inicial, sino de una atención continuada del uno hacia el otro. Sin este acuerdo es muy difícil seguir la unidad de la familia.

Existe una diferencia fundamental entre una relación permanente de dependencia y una relación en la que cambian los papeles según la situación. Es lógico que en el matrimonio y en la familia, hombre o mujer se turnen en la toma de iniciativas según las circunstancias. Saberse dependiente del otro en una situación dada es bueno. Cada matrimonio deberá definir los distintos campos de dependencia en sus circunstancias particulares, pero cuando uno se da cuenta de que el otro no está tomando ninguna iniciativa, ni cuenta con su ayuda para resolver los problemas comunes, entonces habrá de interpretárselo como una señal de alarma. Es decir, la mejora de la relación depende de que exista un estilo personal en cada uno. Este estilo sólo puede desarrollarse si cada cónyuge es responsable, si asume consecuencias de una decisión tomada en el ser y en el hacer. Los papeles deben cambiarse para que entre los dos se consigan resultados deseados y previstos.

El deseo de ser independiente, normalmente, surge como rechazo a una situación de encasillamiento. La mujer cuyo marido le exige un comportamiento dado, sin permitirle desarrollar su estilo personal, puede desear independizarse de estas influencias. El marido cuya mujer le exige un comportamiento dado, en relación con su modo particular de organizar la casa, p. e., puede reaccionar buscando su independencia. Puede optar por pasar menos tiempo en casa o por hablar menos cuando está. La persona se siente más independiente cuando no comunica, porque así no hace falta comprometerse a un curso de acción cara al otro.

No es independencia lo que buscamos sino una autonomía lo suficientemente amplia como para que nos impulse a poner libremente nuestras capacidades y cualidades al servicio de los demás. Será la consecuencia de una decisión Ubre de colaborar con el otro y será fecunda solamente si no es una aceptación pasiva y permanente.

Volviendo a los tipos de decisiones, veremos que las que puede tomar uno de los cónyuges y que no necesita comunicar al otro, tendrán que ver con la propia intimidad, en aquello que tenga algo que ver con el cónyuge. Por ejemplo, ayudar a algún amigo en un problema íntimo no necesariamente exigirá una información al cónyuge. En algunos casos se puede comunicar el asunto, sólo por el deseo de compartir algo valioso, algo que es importante para uno mismo. Lo mismo se puede decir respecto a la relación personal con Dios.

También existen decisiones que uno debe tomar personalmente para luego informar al cónyuge. Decisiones de este tipo incluirán por ejemplo: dejar de salir con algún amigo cuya relación no le parece conveniente (el cónyuge no tiene por qué participar en la decisión, pero necesita saber lo que ha ocurrido para adaptarse al hecho), la decisión de cambiar el tipo de trabajo profesional (si este cambio puede repercutir sobre el estilo de la familia, la vida del cónyuge, etc., habrá que consultarlo), la decisión de cambiar de hobby (suponiendo que el cambio obligue al cónyuge y a la familia a cambiar también sus hábitos).

Es posible que sea la mujer quien lleve la organización del hogar en muchas familias. Pues aunque sea ella la responsable, si quiere modificar algo cuyos efectos alteren en grado notable el modo de vida del cónyuge, debe consultarlo antes. Es el caso del cambio de empleo, o de inscripción en un club recreativo, p. e. Estas decisiones, igual que las anteriores, deben de ser aceptadas por el otro, respetando la zona de autonomía correspondiente.

Hay temas donde es obligado el acuerdo si se quiere sostener una comunicación abierta como son la finalidad del mismo matrimonio o los valores fundamentales de la educación de los hijos. Son éstos objetivos comunes y requieren el esfuerzo de ambos cónyuges; por tanto, tienen que ser compartidos. En otras cuestiones cabe el consenso, es decir, por una decisión libre por parte de un cónyuge de ceder en este momento sin acostumbrarse a ceder habitualmente, esto puede producir una situación de dependencia permanente. Una relación en desarrollo requiere la iniciativa de ambas partes.

En estas decisiones, que deben ser tomadas conjuntamente, de hecho, surgen muchos problemas de comunicación. Basta pensar, por ejemplo, en los procedimientos para atender a los propios padres o a los padres políticos. Desde un inicial conflicto sobre un tema que afecta vitalmente en alguno de los cónyuges -como pueden ser sus propios padres- es posible que se llegue a una situación de falta de aprecio, que daña seriamente las relaciones, a menos que los cónyuges sepan serenarse, apoyarse mutuamente y volver a considerar el tema objetivamente, aclarando sus prioridades.

Entonces puede surgir un estado de incomunicación en el matrimonio cuando:

  • alguno de los cónyuges no reconoce los límites de su propia zona de autonomía.
  • uno de los cónyuges pretende controlar las actividades que pertenecen a la zona de autonomía del otro.
  • no hay acuerdo en los objetivos básicos del matrimonio, o en los medios más idóneos para lograr estos objetivos.
  • uno de los cónyuges no sabe ceder en asuntos de poca importancia.

Please publish modules in offcanvas position.

Free Joomla! template by L.THEME